BESOS
Enumerar los besos con su
fecha y lugar donde se dieron supone un gran trabajo. Esos besos que van unidos
al deseo sexual, no los de «chichinabo», que son más afectuosos y de amistad.
En la opinión de Marina los
besos debían ser los justos y necesarios; besar a alguien que acaban de
presentarte no tenía razón de ser. Era una comunicación creada por una sociedad
que vivía en la hipocresía y fuera de valores.
Un buen día se levantó por la
mañana asustada por algún ruido extraño y, después de verificar que toda la
casa estaba en orden, salió a la terraza del ático y allí se quedó. Miraba por
la rejilla hacia la acera y en ella pudo ver a una pareja comiéndose a besos.
Tal y como se sentía parecía
que estuviera en la cárcel. Malditos gatos. La pareja seguía allí cuchicheando
y con pequeñas risitas. Mochuela, su gata favorita, se acercó:
—¿Qué pasa, mimosa? ¿Tú
también vienes a cotillear? Estoy pensando que voy a contar los besos
eróticos-sentimentales que he dado en mi vida; es como contar novios.
I. El primero: el
familiar
Fue a un primo mío; me
dolía una muela y te aseguro que no se me pasó el dolor. Aquello fue muy
extraño porque no me lo esperaba; teníamos la misma edad, estábamos en el sofá
de una discoteca o un pub, no me acuerdo muy bien. Los años nos pasan factura y
eso fue hace ya más de 44 años.
Sí, ese fue mi primer
beso. Luego vino Semana Santa —fui a su casa— y lo que no había empezado se
acabó. Chica, no sé; no le gusté mucho a su padre. Pasaron dos años y me enteré
de que se casaba de «penalti». La verdad, me alegro de que sean felices.
II. El segundo: el de
la rabia
Y entonces, querida
Perla, vino un segundo beso por culpa de tu dueño. Estaba haciendo la carrera
de Magisterio; ya cursaba 3º de Sociales en diurno y, a pesar de tratarme bien,
ese chico no tenía muchos encuentros conmigo. Todas las chicas de Pretecnología
hablaban con él; a mí ni me miraba.
Un día fui a una fiesta
en la facultad de Derecho con mis amigas y primas. Estábamos bailando y
riéndonos con dos chicos muy divertidos de nuestra edad, nada guapos pero
resultones, y en una de estas que muevo mi gran melena y allí está tu dueño con
amigos. Yo no tenía ningún interés en hablar con ellos y, aunque mi disposición
no era tener nada con los chicos nuevos, al verle me entró tanta rabia que me
colgué del cuello de uno y de eso a besarnos pasamos en segundos.
Mi compañero de clase
pasó a segundo término. Al día siguiente en clase, cuando preguntó por la
situación vivida el fin de semana, «yo» me hice la tonta y se acabó, ningún
tipo de enfrentamiento. Seguí unas semanas, e inclusive la Nochevieja, saliendo
con mi nuevo amigo, y a parte de tocamientos no llegamos a más.
III. El tercero: el de
las fiestas del verano
El número tres fue un
chaval de Zamora del cual no es que no quiera acordarme, sino que no me
acuerdo.
En la zona de Sanabria,
en la que tuve algún que otro affaire —no sé si así se llamaría—. También tuve
momentos muy dramáticos, por lo cual vamos a pasar al tercero, y el cuarto
también de esta zona.
IV. El cuarto: de las
fiestas y reproches de familia («El encoñao»)
Ya conducía y era el
taxi de la familia; me buscaban para todos aquellos viajes que sus hijos y
padres no hacían. Tuve que llevar a mis padres a la casa donde dormíamos y,
cuando decidí que volvía a la fiesta, mi padre dijo que estaba encoñada con el
chaval de otro pueblo de al lado. Los dejé en su cama, igual ni les di las
buenas noches, pero terminé con su mandato dictatorial.
Este cuarto novio fue
final de estudios y grandes problemas de ortografía; no soportaba fácilmente
las faltas en la escritura. Si bien es verdad que no todos hemos tenido
facilidades para prepararnos culturalmente, tampoco ha habido interés. Ahora
mismo, y con muchos años de experiencia, me da rabia cuando mi hija y los
jóvenes tienen problemas de ortografía teniendo más posibilidades con la IA.
V. El quinto: este
pesado de clase
El quinto beso fue muy
especial porque en plena carrera de Magisterio y con mi compañero de vida —el
del pronto del segundo, ese mismo— acepté llegar a ese beso ligero, aunque
estaba saliendo con el chico del IV.
Estoy releyendo el
escrito y me he dado cuenta de que la persona más importante en mi vida ha
repetido beso varias veces hasta que por fin me decidí a quedarme con él: el
novio definitivo.
Ese amor que hace de
padre, amante, chistoso-quitapenas y unión de la piña que somos.
Cuando salíamos de
novios cada día me regalaba una rosa; al casarme dejó las rosas porque yo
prefería macetas y había que economizar, pero nunca —«con el corazón en la
mano»— ha habido un momento donde me haya arrepentido (el corazón no se puede
poner en la mano) de ir con él caminando.
Comentarios
Publicar un comentario