Las Grecas
Las Grecas
Aquel piso era pequeño; por el
barrio eran todos parecidos. Igual los de nueva construcción tenían unos metros
más, pero la mayoría no pasaban de 70 metros cuadrados. Tampoco se necesitaba
más de 50 metros, pero la chica ya empezaba a tontear con chicos y, si se
podía, comprar otro un poco más grande no estaría mal.
Salió la oportunidad de
comprar un piso de 90 metros en una calle cercana a la que vivían. Marina
recuerda con ilusión cuando en televisión aparecieron "Las Grecas",
un grupo musical compuesto por dos chicas de etnia gitana. Si bien es verdad que
Las Grecas se popularizaron por toda España —sobre todo a través de la
televisión—, dentro del barrio fue todo un acontecimiento, porque en el
edificio nuevo donde habían visto el piso en venta había un local que
convirtieron en bar-restaurante, y Las Grecas, o al menos su familia, se
instalaron allí.
Bueno, pues hasta ahí llegó la
ilusión del piso, porque existía el temor de que fueran muy escandalosos y no
poder soportarlo.
Después de ese piso vinieron
más opciones para que la chica se quedara en el barrio junto a sus padres. Y,
por fin, apareció otro de 70 metros en la misma calle de Las Grecas, pero unos
metros más alejados del ruido. El bar de Las Grecas no supuso para tanto; hoy
existe todavía en la esquina de la calle Doctor Vallejo con Prudencio de
Álvaro, aunque desde luego ya no son los mismos propietarios.
Los abuelos eran muy reacios a
cambiar de casa. La abuela decía mucho: "Casa puesta, muerte a la
puerta", por lo que, con esa premisa, era muy normal que no quisieran
mudarse.
Una vez comprado el piso, se
pasó a comprar los muebles necesarios, ya que se aprovecharon todos aquellos
que el anterior dueño dejó y estaban en buen estado. Marina se casó y se fue a
vivir al piso antiguo, que era pequeño, pero después de una limpieza profunda
quedó bastante servible. Las Grecas, como grupo, dejaron de existir por
desgracia debido a problemas de drogodependencia, algo que ha arruinado a
muchas familias.
La nueva casa ya estaba
"puesta" y, desde luego, "la muerte" no apareció en la
puerta hasta 32 años después con la abuela, y con el abuelo 40 años más tarde.
Mientras pasaban los años,
llegaron los nietos, los colegios y las vacaciones. Ese piso nuevo no tenía
accesibilidad (no tenía ascensor), pero sí una preciosa terraza. Empezaron a
buscar otro piso y se pensó en cambiar de zona, pero los abuelos ya eran muy
mayores para cambiar: tenían todas las tiendas a mano, a la hija y a los nietos
también en el barrio, por lo cual ningún piso era aceptable para ellos.
Marina encontró su casa más
grande para vivir cerca de sus padres y, poco a poco, se fue alejando de Las
Grecas.

Comentarios
Publicar un comentario