LA PIÑA HERFU
Podría empezar a enumerar todo
lo que me cabrea de ti, pero entonces me convertiría en la Carmen de Cinco
horas con Mario; prefiero contar todo lo que me atrae y me gusta de tu forma de
ser.
Sí, empiezo por el físico: tu
pelo. Ahora que te lo has dejado largo me gusta mucho ese look, pero siempre me
ha enamorado ese negro azabache, como Platero. La hija tiene ese mismo tono y
ya empieza a tener canas y grandes mechas blancas.
Y ahora vamos con tu nueva
vista: eso de quitarte las gafas en la jubilación está muy bien. Es una buena
opción estar de jubileta y atender la casa.
Lo mejor de ti, psíquicamente,
es tu actitud positiva: el que me hace reír cuando me hundo. Ya ves, yo soy
toda negatividad. Será porque he vivido muchos momentos de «eso no» y muchos de
«no eres mi hija», y eso me lleva a que me traten como a una niña: «aquí está
papá para defenderte». No lo soporto.
Y voy a seguir con el amor.
Ese cariño o amor que tú me das no sabes cuánto me llena y, lo peor, es que no
tengo tanto contenedor en mi ser para todo lo que recibo de ti.
Hablar de nuestros hijos es no
parar de amarte. Es verdad que son de ambos, pero tienen mucho de ti en su
actitud y por eso, algunas veces, hay choques y falta de entendimiento.
Cuando nos bautizamos como «la
piña herfu» posiblemente fue a raíz de ver con Emilio la serie La que se
avecina, pero fuiste tú el que puso «la piña» y lo de HerFuteam, un compendio
de diferentes pensamientos.
Somos un equipo, sí que lo
somos; pero, sobre todo, somos Hernández & Fuentes desde el día que tú te
caíste (la primera vez) de la cama y yo me mareé en el Ahorramas.
Luego vinieron viajes,
problemas, tiranteces familiares: «que si necesitamos un descanso del abuelo
los fines de semana». Cambiamos de piso a uno más grande con «un cagadero con
vistas». Llegaron problemas de enfermedad y fue cuando fuimos más piña.
La piña que a veces va al cine
o a cenar a diferentes locales. Una piña que ha decidido volver a cambiar de
casa, y seguro que para entonces ya han arreglado el ascensor.
Una piña que huele a sandía y
refresca con las duchas las agotadoras noches de verano.
Somos la piña que defiende
ante cualquier fuego inesperado. Y con la piña juegan cinco gatas y una perra.
Tú
eres el sofá y todos los demás nos tumbamos: estás mullidito y calentito en
invierno, y chorreando fresquito en verano.
A pesar de navegar en aguas
oscuras somos cuatro y siempre juntos, tal cual «familia de piña».

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