EL BOTE
Para hacer la crema, se mezclan huevos, azúcar, harina de maíz y leche (ya sea condensada o desnatada). Una vez todo unido, se incorpora un poquito de canela para que ese olor vaya más allá de nuestro gusto, traspase nuestros sentidos y haga salivar nuestra boca. En una sartén a fuego mínimo, se echa azúcar y, cuando empiece a oler a caramelo con un hilillo de humo, se incorpora una cucharada de leche condensada. ¡Oh! ¡Por favor, ese caramelo! La leche condensada, blanca pero quemada, burbujeando en la sartén... Y si queremos deleitarnos con su sabor, lo volcamos todo sobre un pedazo de bizcocho con mousse de limón. El caramelo con el limón: azúcar agrio. El bote de leche condensada, icono de muchas infancias y amuleto de los años 60. Al entrar, olía a fresas con azúcar y vinagre; estaban haciendo mermelada para embotar. Marina disfrutaba con los dulces de su tía Ana, hermana de su madre, y, sobre todo, con el bote de leche condensada con dos agujeros. A media tarde, cuando...