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EL BOTE

  Para hacer la crema, se mezclan huevos, azúcar, harina de maíz y leche (ya sea condensada o desnatada). Una vez todo unido, se incorpora un poquito de canela para que ese olor vaya más allá de nuestro gusto, traspase nuestros sentidos y haga salivar nuestra boca. En una sartén a fuego mínimo, se echa azúcar y, cuando empiece a oler a caramelo con un hilillo de humo, se incorpora una cucharada de leche condensada. ¡Oh! ¡Por favor, ese caramelo! La leche condensada, blanca pero quemada, burbujeando en la sartén... Y si queremos deleitarnos con su sabor, lo volcamos todo sobre un pedazo de bizcocho con mousse de limón. El caramelo con el limón: azúcar agrio. El bote de leche condensada, icono de muchas infancias y amuleto de los años 60. Al entrar, olía a fresas con azúcar y vinagre; estaban haciendo mermelada para embotar. Marina disfrutaba con los dulces de su tía Ana, hermana de su madre, y, sobre todo, con el bote de leche condensada con dos agujeros. A media tarde, cuando...

LOS GRISES

 N uestra generación, la de los baby boomers, ha sido la primerita hasta para apuntarse al paro. Cuando en una casa había varios hijos, los últimos lo heredaban todo: los bofetones, la ropa, los "cállate, mono, que tú no sabes nada" y el miedo a los Grises. De los libros de texto nos libramos porque nos pilló el cambio al BUP. En un país que pedía a gritos libertad y democracia en los años setenta, fuimos los primeros en inaugurar una reforma educativa —la EGB (Enseñanza General Básica) y el BUP (Bachillerato Unificado Polivalente)— y, dos años después, en ver cómo las clases públicas volvían a ser mixtas. También fuimos los primeros en engrosar las listas del paro que nuestros hermanos mayores, los de la revolución del 67, se encargaron de abrir; un camino hostil para trabajar en una sociedad todavía llena de la oscuridad y los privilegios del régimen autoritario que se implantó hasta 1978. Con ese panorama, las universidades echaban humo y los trabajad...

peseta caballo manzana

  Era muy joven cuando le dijeron que su marido había muerto. Tenía, si acaso, treinta y seis años, una hija de apenas cinco meses y un futuro como viuda sin recursos. —Mira, a tu padre lo mató un soldado borracho cuando iba en la bicicleta a trabajar —le diría años después a la joven. De tanto oír la historia, la hija se propuso investigar cómo y dónde había sido. Ninguno de los noticieros de 1962 —tampoco es que hubiera muchos— había publicado el suceso. Pero si al cóctel de un conductor borracho le sumamos que era un soldado de la base norteamericana de Torrejón de Ardoz, el silencio de la época se volvía bastante comprensible. Seis años después de aquella tragedia, la mujer conoció a otro hombre. Un hombre bueno que le prometió mirándola a los ojos: «Mientras estés conmigo y yo viva, ni a ti ni a la niña os faltará nada». Cumplió su promesa. Incluso cuando la familia de ella, preocupada por el «honor vecinal», la acosaba a preguntas murmurando que estaban "arrejuntados...

Cronicas de una perrita tuerta

  Diario de una observadora en el mundo humano Entrada 1: El espécimen de la derecha Hoy empieza mi historia, la crónica de mis actividades en este mundo creado por el humano y, aparentemente, para el humano. Aunque, sinceramente, a veces cuesta entenderlos. Ahora mismo estoy abrumada. Le estoy viendo cómo se rasca y es, sencillamente, asqueroso. Hay un humano aquí pegadito, justo a mi derecha, y no para de rascarse con un frenesí sospechoso. Dios sabe si tiene bichitos ahí metidos. Dejo de escribir por hoy y sigo otro día, porque de mirarlo me estoy empezando a poner mala. Entrada 2: El retorno de la cazadora de estrellas Hoy ha vuelto a casa Mochuela. Es una gatita tricolor que un buen día, sin pensarlo dos veces, decidió que era una buena idea irse a cazar mariposas. Yo, cada vez que la veía en pleno intento, le pedía por favor que lo olvidara. Se lo repetía siempre: «Mochuela, las mariposas vuelan y los gatos NO» . Obviamente, no me hizo ningún caso. Una noche vio una luciérnag...

El agujero en el velo

  Allí estaba, en el escaparate de la calle Alcalá, haciendo esquina con la calle Caudillo de España. Tiempo después cambiaron el nombre de la calle, y hoy ya nadie se acuerda del primero. Era un vestido precioso: organza blanca con flores y un velo. La corona de florecillas nos la prestó una amiga de la familia, a juego con la limosnera, ese bolsito de raso que colgaba de la muñeca. La corona de reina se apoyaba justo en la «castaña», aquel recogido apretado en la cabeza que hoy las peluqueras llaman chignon , pero que entonces solo era una castaña para sujetar los sueños de las niñas. Marina iba a hacer la primera comunión como una reina, toda vestida de blanco (no había otra opción). Sus padres tenían el dinero suficiente para comprarlo; dentro de la economía familiar, al menos   que no fuera prestado. Años después, muy limpito, el vestido pasó a una prima; hoy en día, lo utiliza como disfraz la hija de una amiga de su propia hija. Las vueltas que da el destino. ¿Er...

MI VIDA; NACER DONDE NO ERES DESEADA

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 Hoy empieza mi historia, la historia de mis actividades en este mundo creado por el humano y para el humano. Estoy agobiada por que le estoy viendo como se arrasca; es asqueroso. Hay un humano aquí pegadito a mi derecha y está rascándose, igual tiene bichitos. Sigo otro día que empiezo a ponerme mala. Hoy 11 de julio de 2023 ha vuelto a casa Mochuela; es una gatita tricolor que un buen día sin pensarlo se fue a cazar mariposas. Yo todos los días que la veía en su intento le pedía que lo olvidara por que las mariposas vuelan y los gatos NO. Nada, Mochuela no me hizo ningún caso y una noche vio una luciérnaga cerca los tiestos que tiene Lola en la ventana del comedor así que sobre las 02:00 de la madrugada saltó para cogerla y Puifffff gata al suelo desde un tercero. Ni Lola se enteró, Carlos tampoco y yo no sabía como decírselo por que la verdad es que tampico me enteré. Oye igual no fue por la luciérnaga, maybe quiso coger una estrella de esas que dice Lola que cumplen deseos y es...

Dios no tiene cristales en las gafas

  Te hiciste de rogar. Ese día, el paritorio estaba como la M30 en hora punta. Después de mucho <<empuje>>, intervino un hombre con una mano enorme que puso punto final al dolor y a los sufrimientos; al tuyo y al mío. <<La maternidad está muy sobrevalorada>>, dirías tú hace poco. Desde el baño se oía la música en la cocina, y la canción que más te identifica: “Si tú me dices ven…” Pasaron los años y, después de punta, tacón, punta, vinieron los campamentos, con <<guanaminos>> y las tormentas donde eras la guía de guías. Y allí en la montaña más alta del universo, lejos de casa, había una <<ermita>> y nació la mujer que conoció a todos los mosquitos de las tierras leonesas. Podría contarte muchísimas historias de tu infancia, adolescencia y juventud; más de una historia perdida entre las páginas de Harry y los sonidos de la Oreja de Van Gogh. Pero hoy nos centramos en momentos felices, porque quiero escribirte la historia más bonita de...